Lascia Ch'io Pianga, G.F. Händel [4:32]
Durante
muchos años tuve una pizarra y/o un panel de corcho junto a mi mesa de trabajo,
en el despacho, en cada uno de los sitios en los que trabajé a lo largo de
varios años. Estaba tan acostumbrada a escribir, dibujar y/o pinchar notas
sobre trabajo u otros temas, que cuando me quedé en el paro (desempleada durante
varios años) creo que lo primero que eché de menos fue la pizarra y el corcho.
La
pizarra de rotuladores e imanes no me gusta tanto. Me gustan más la pizarra de
toda la vida, negra o verde con tizas blancas, aunque manche más, y el panel de
corcho. Es fácil pinchar en un corcho porque es blando. Otra característica del
corcho es que flota, no se hunde. En donde nací, cuando era joven, al referirse
a alguien que aunque se equivocase o cometiera enormes errores (por ejemplo un
dirigente político) nunca se hundía, siempre salía bien parado o inclusive era
ascendido, se decía que era de corcho ;). Y retorciendo un poco el asunto, el
corcho es la corteza del alcornoque y a algunas personas se les suele llamar
“alcornoques”
o “cabezas de alcornoque” por lo del “seso hueco”.
En
realidad eso que denomino “notas sobre otros temas” no son más que trozos de
poemas o escritos de diversos autores, algo que suele encontrarse en cualquier
sitio en el que haya una persona con un mínimo de sensibilidad y las reglas del
lugar lo permitan. Ni que decir tiene que esas “notas” son las que permiten,
cuando no una sonrisa, al menos unos segundos de desconecte o relax o un
pensamiento amable o esperanzador en medio de cualquier vorágine; son aquellas
a las que la mente y el espíritu se asían para flotar, como corchos, y no
ahogarse. Así es que los “corchos” no solo
son unos paneles rectangulares, además de tapones como los de las botellas
de vino.
Conservo
unas cuantas de esas “notas”, además de algunas fotos y algún que otro chiste. Las
hay que tienen muchos años, han ido de un sitio a otro y están llenas de
agujeros de las chinchetas, pero no las puedo pinchar en donde trabajo
actualmente. También tengo recortes de periódicos con canciones y noticias y otras
“notitas” hechas a mano, por mí o por personas amigas, con lápiz o con
bolígrafo, algunos de cuando era casi una
niña, que conservo dentro de libros y agendas, en trocitos de papel amarillentos.
En cierto sentido o de alguna manera un blog es como un “corcho virtual”. Quizás
“pinche” aquí algo más de “mis corchos”. O puede que
no, pues al mirar por ahí si mis “notas” coinciden con lo “original”, me topo con las advertencias sobre derechos de autor. Y vaya, que no quiero
atribuirle a alguien alguna letra o palabra o frase que no escribió, ni sustraerle lo contrario, ni violar sus
derechos, aunque el autor o autora en cuestión haya defendido o defienda la
libertad de expresión y la cultura para todos. Además, yo no me lucro con esto
del blog, ni entiendo lo de las licencias libres ni rollos patateros, y lo
que aparece aquí ¿sabe alguien a dónde va a parar? ¿y le sirve a alguien para
algo? Sinceramente: esto no vale un pimiento, y me gusta más lo que
escribo para mí o lo que cuento en mensajes (que también pueden ir a parar a
cualquier sitio) que lo que publico en este blog, abierto por complacer y
satisfacer curiosidades ajenas que dan igual. Si es que en definitiva eso de la
libertad es otro corcho, una ilusión inalcanzable.
Escrito
a mano hace mucho, del otro lado del charco, en un papelito amarillento, hay esto:
Queda prohibido el uso de la palabra libertad,
la cual será suprimida de los diccionarios
y del pantano engañoso de las bocas.
A partir de este instante
la libertad será algo vivo y transparente,
como un fuego o un río,
o como la semilla del trigo,
y su morada será siempre
el corazón del hombre.
Artículo final, “Los Estatutos del Hombre”, Thiago de Mello
(Brasil)
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